La mente social
Dentro de esta gran red de puertas e ideas hay un ámbito que destaca entre la mayoría por su gran uso. Hablo de las redes sociales. Estas expanden más que nunca la capacidad humana de comunicación. A través de estas, en las cuales aparecen registrados millones de personas, podríamos contactar con cualquier persona, no importa la distancia ni el idioma. Pero nada es perfecto y a pesar de proporcionar tantas ventajas tales como romper los límites de la comunicación, también nos da diversas desventajas. El estar expuesto de manera tan directa a una red tan grande como lo es internet provoca un poco de vértigo sin poder evitar pensar en lo que esto puede acarrear. Dejando de lado los peligros de mostrar tu propia información, lo que más preocupa es algo que no pensamos a menudo y que, en cambio, con el auge del uso de redes sociales también aumenta. A lo que me refiero es que, así como cada vez nos acercamos más a “personas virtuales”, gente que se encuentra a kilómetros de distancia, cada vez nos alejamos más de la realidad. Ha pasado a ser una parte demasiado importante de nuestras vidas. Seamos críticos. Yo misma tengo muchas cuentas en redes sociales tales como WhatsApp, Twitter, Instagram, Facebook, etc., y como yo, muchísima gente tiene su propio perfil en estas redes. Esto nos abre incontables puertas hacia prácticamente lo que sea. Nos abre puertas a información personal, a la vida de la gente, a sus ideas, a sus gustos… Sigamos con el análisis poniéndome a mí misma como ejemplo. En WhatsApp debo de tener sobre 200 contactos, y sinceramente no hablo con ni el 20% de ellos. En Twitter tengo 550 seguidores aproximadamente, de los cuales menos del 10% conozco. En Instagram 280, y es más de lo mismo. Facebook, como WhatsApp, solo tengo a gente que conozco, pero porque los conozca no quiere decir que me hable con ellos o si quiera seamos amigos. Y si luego contamos los que realmente son mis amigos verdaderos, estamos hablando de un número demasiado pequeño. Esto debería abrirnos los ojos y darnos cuenta de que absolutamente toda nuestra información personal que subimos a las redes es alcanzable para cualquier persona. La mayoría de ellos desconocidos, y a pesar de ello, no nos parece importar demasiado. Nos centramos más en el número sin percatarnos de que está detrás de ese número. Todo esto incrementa las posibilidades de conflicto en las redes. Puede ocurrir cualquier tipo de problema, a veces incluso más grave que en la vida real. Desde cyberbullying, pasando por suplantación de identidad, y hasta timos debidos a la información propia disponible. El estar detrás de una pantalla y no frente a una persona nos envalentona para hacer cosas que no haríamos en la realidad. Nos proporciona una máscara, una identidad anónima, o simplemente un refugio. ¿Cuántas veces hemos hablado de alguna cosa importante con alguien por miedo a su reacción real? Muy a mi pesar, más veces de las que creemos. Las precauciones que deberíamos tomar con respecto a estos “problemas” son más bien simples. Es control. Lo único que nos falta para hacer de esta gran herramienta un ambiente verdaderamente seguro. Tener cuidado con lo que publicamos es la clave. Y también añadiría que es importante vivir y sentir un poco más antes que dejarnos llevar por una pantalla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario